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Esta lección está escrita por El Club del Buzón


presenta "Mejores Amigos serie 1"

 

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Mejores Amigos

Serie 1 Lección 7: Cinco Cosas Maravillosas

Cinco Cosas Maravillosas


Querido(a) amigo(a):

Muchas cosas maravillosas sucedieron cuando acepté a Jesús como mi Salvador. Estas cosas maravillosas son reales para cada creyente.

1 Dios me perdonó de todos mis pecados

En el mismo momento en que acepté al Señor Jesús como mi Salvador, Dios perdonó todos mis pecados. Dios me perdonó por causa de Jesús. La Biblia dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre” (1 Juan 2:12).

2 Me convertí en hijo de Dios

Otra cosa maravillosa que sucedió

Otra cosa maravillosa que sucedió cuando acepté al Señor Jesús como mi Salvador—¡Dios me hizo Su hijo! La Biblia dice, “Mas a todos los que le recibieron [al Señor Jesús como su Salvador], a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

¿Alguna vez has aceptado al Señor Jesús como tu Salvador? Si lo has hecho, ahora eres hijo de Dios. Dios es tu Padre celestial, y tú eres Su hijo amado por siempre. Dios ama que Sus hijos Le hablen, y tú puedes hablarle en oración en cualquier momento y en cualquier lugar.

3 Cristo vino a morar en mí

En el momento en que fui salvo, el Señor Jesús vino a morar en mi corazón. El Señor Jesús está en el Cielo, pero Él también vive en mi corazón por Su Espíritu. El Apóstol Pablo dijo, “Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20).

¿El Señor Jesús ha venido a morar en tu corazón? Si es así, puedes decir, “Cristo vive en mí”. Dilo ahora mismo, “¡Cristo vive en MÍ!”

Cuando el Señor Jesús viene a morar en tu corazón, ¡tú le perteneces y Él te pertenece por siempre! Él nunca te dejará. No importa lo que hagas o adonde vayas, Él siempre está contigo. Él dice, “NO TE DEJARÉ” (Hebreos 13:5b).

He hecho muchas cosas malas

Pablito esperó para hablar con el predicador luego del mensaje. De pronto el predicador lo vio y le preguntó: “¿En qué puedo ayudarte Pablito?”

Pablito y predicador

“Quiero hablarle acerca de mis pecados”, dijo Pablito. “He hecho muchas cosas malas”.

“Me alegro de que te preocupes por tus pecados, Pablito”, dijo el predicador. “Déjame hacerte una pregunta: ¿Por los pecados de quién murió Jesús? ¿Murió El por Sus pecados o por nuestros pecados?”

“El murió por nuestros pecados”, respondió Pablito.

“Así es, Pablito, pero déjame hacerte otra pregunta. ¿Murió Él por TUS pecados?”

“Si, señor”, respondió Pablito. “El murió por MIS pecados”.

“¿Murió El por algunos de tus pecados o por todos ellos?”, preguntó el predicador.

“El murió por todos ellos”, dijo Pablito.

“Bueno, si Jesús murió por todos tus pecados, y tú Lo aceptas como tu Salvador, ¿como quiera tendrás que pagar por ellos?”

“No, señor”, dijo Pablito. “Si Jesús murió por todos mis pecados y yo lo acepto como mi Salvador, ya todos están pagos”.

“Eso es cierto, Pablito. ¿Te gustaría aceptarlo como tu Salvador ahora mismo?”

“Seguro que sí”, dijo Pablito. Ahí mismo Pablito inclinó su cabeza y dio gracias al Señor Jesús por morir por todos sus pecados y le pidió que fuera su Salvador.

4 El Espíritu Santo vino a morar en mí

el Espíritu Santo vino a morar en mí

Cuando acepté a Jesús como mi Salvador, el Espíritu Santo vino a morar en mí. Él es llamado “el Espíritu de Cristo” porque es el mismo Espíritu que vive en Cristo. Todo hijo de Dios tiene al Espíritu Santo viviendo en él. La Biblia dice, “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo…” (Gálatas 4:6).

Dios envía al Espíritu Santo a morar en mi para que yo sepa lo que El siente por mí. El Espíritu Santo me muestra el hecho maravilloso de que Dios me ama con todo Su corazón. La Biblia dice, “...porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).

El Espíritu Santo llena mi corazón con el amor de Dios. A través del Espíritu Santo, Dios me dice, “¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo!”

5 Dios me dio vida eterna

Libro de la Vida del Cordero

En el momento en que acepté al Señor Jesús como mi Salvador, Dios me dio vida eterna. Mi nombre está escrito en el “Libro de la Vida del Cordero”. Ahora le pertenezco al Señor Jesús por siempre. Tengo vida eterna. La Biblia dice, “El que tiene al Hijo, tiene la vida [vida eternal]…” (1 Juan 5:12).

¿Que significa tener “vida eterna”? Signifi ca que viviré por siempre con Jesús en el Cielo. Porque el Señor Jesús mora en mí, no tengo temor de morir. En el momento en que muera, iré a estar con el Señor Jesús y viviré con El en el Cielo por siempre y siempre.

¿Como estoy seguro de que tengo vida eterna? Lo sé porque ¡DIOS LO DICE! La Biblia dice, “El que tiene al Hijo, tiene la vida [vida eterna]…”

¡Dios lo dijo! ¡Yo lo creo! ¡Eso basta!

¿Qué pasa si peco luego de ser salvo? ¿Significa eso que ya no soy más un hijo de Dios? No, no signifi ca esto. Una vez te conviertes en hijo de Dios, siempre serás un hijo de Dios. Pero el pecado entristece al corazón de Dios y el pecado se pone entre mi Padre celestial y yo. Me siento mal en mi interior.

¿Que debo hacer? Debo confesar ese pecado a Dios de inmediato. Le digo lo que hice mal; le digo que me arrepiento de mi pecado y le pido que me perdone. Dios promete perdonarme cuando confi eso mi pecado a El. La Biblia dice, “Si confesamos nuestros pecados, él es fi el y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

“¿Cómo puedo agradar al Señor Jesús?”

Si el Señor Jesús te ha salvado, entonces de seguro Le amas y quieres agradarle. Aquí hay algunas maneras en las que puedes agradarle.

*Ámalo con todo tu corazón.

Ámalo con todo tu corazón

El Señor Jesús te ama con todo Su corazón, y Él quiere que Lo ames de la misma manera. Si verdaderamente Lo amas, lo vas a obedecer. Jesús dijo, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

*Ama a los amigos de Jesús.

Jesús quiere que amemos a otras personas, especialmente a aquellos que han confiado en El como su Salvador. Ellos son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Jesús dijo, “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12).

*Pasa tiempo a solas con Jesús cada día.

Si realmente amas a una persona, quieres pasar tiempo con esa persona. Toma tiempo cada día para estar a solas con el Señor Jesús para leer su Palabra y orarle. Dile todo lo que tienes en tu corazón.


Cosas maravillosas sucedieron cuando acepté a Cristo como mi Salvador.

Juan 1:12


Esteban y María

Resumen del capítulo anterior:

María sospechaba que Susana había dañado su cuaderno escolar. Esteban aceptó a Jesús como su Salvador en casa de Don José.

Capítulo 7:
María Perdona

Camino a su casa desde el colegio, María continuaba pensando en su proyecto escolar y Susana. Estaba agradecida de haber podido rehacer su trabajo rápidamente. “Susana debe de estar muy enojada conmigo si fue ella la que dañó mi cuaderno”, pensó para sí misma. “Pero, ¿qué pasará si tiene que devolver el abrigo? No volveremos a ser amigas”.

Cuando María llegó a casa del colegio, encontró a su mama preparando la cena. “Mami”, dijo María. “Tengo algo que decirte. Yo..Yo.. espero que no te enojes conmigo”.

Su mama la miró seriamente. “¿Qué pasó ahora, María?”, preguntó.

María empezó por el inicio. Le contó a su mama todo acerca de cuando fue al hogar de ancianos a cantar para su abuela y el abrigo rojo que le había dado a Susana. Terminó diciéndole como le había pedido a Jesús que fuese su Salvador y cuan arrepentida estaba por las cosas malas que había hecho.

Cuando María terminó, su mama sacudió la cabeza lentamente. “Nunca pensé que un hijo mío pudiese hacer esas cosas”, dijo. “Realmente debería de castigarte María. Y lo haré si no consigues ese abrigo mañana”.

“Ay, Mami”, le rogó María. “Por favor, por favor, deja que Susana se quede con el abrigo. No sería justo quitárselo si yo fui en su lugar. Prometo que me pondré mi abrigo azul todo el tiempo sin quejarme”.

Su mama miró la cara de súplica de María. Finalmente accedió. “Ok, supongo que debe quedarse con el si se lo diste. Y, María”, su mamá hizo una pausa, “Si quieres ver a tu abuela tanto, supongo que puedo llevarte a ti y a Esteban a verla el Sábado”.

“Ay, Mami, gracias”, dijo María con una gran sonrisa.

El próximo día Susana aún estaba ausente. Así que luego de la escuela María decidió ir a casa de Susana. El cielo estaba lleno de nubes grises, oscuras. En pocos minutos comenzó a llover. Para cuando María llegó a casa de Susana, estaba mojada y con frío.

vio a Susana mirando a través de la cortina

María tocó la puerta, pero nadie respondió. Estaba a punto de darse la vuelta cuando vio a Susana mirando a través de la cortina.

María halo la puerta abierta y pasó adentro. “Susana”, llamó, “soy yo, María. ¿Por qué no abriste la puerta?”

Lentamente Susana entró a la habitación. “Supongo que viniste por el abrigo”, dijo con el ceño fruncido.

“No”, contestó María mientras se limpiaba los zapatos en la alfombra y empezaba a desabotonarse la chaqueta.

“Mejor no te quites la chaqueta”, le advirtió Susana. “Está muy frío aquí dentro porque la caldera se apagó”.

“Hay alguien más en casa?”, preguntó María. Temblaba de frio mientras se sentaba y se ajustaba la chaqueta mojada más al cuerpo.

“No. Mamá está trabajando”, contestó Susana. “¿Le dijiste a tu mama acerca del abrigo?”

“Sí”, dijo María, sonriendo. “Puedes quedarte con el abrigo, Susana. La Srta. Pérez mandó a decirte que todo estaba bien por lo del viernes pasado”.

“Oh, gracias”, dijo Susana sorprendida. “No quería regresar al colegio porque pensaba que iba a estar en muchos problemas”. Luego Susana miró al suelo y estuvo en silencio.

De repente a María se le ocurrió una idea. “Susana”, dijo, “¿vendrías conmigo a la Escuela Dominical el domingo?”

Susana sacudió la cabeza en señal de negación. “Traté de ir a la Escuela Dominical una vez. Pensé que eso me iba a hacer buena para poder ir al Cielo. Pero no funcionó. Como quiera hacía cosas malas, igual que antes. Así que dejé de ir”.

“Pero, Susana”, dijo María, “no podemos ir al Cielo por ser buenas. ¿Recuerdas lo que te dije acerca de Jesús muriendo en la cruz? El murió para llevarse nuestros pecados”.

Susana parecía que iba a llorar. “Tu no sabes la cosa tan mala que he hecho, María. Si lo supieras—”.

“Oh, sí, lo sé”, la interrumpió María. “Te vi salir corriendo del aula. ¿Tu marcaste mi cuaderno, verdad?”

Susana asintió lentamente

Susana asintió lentamente. Grandes lágrimas corrían por su rostro mientras susurraba, “Siento mucho lo que hice. Me siento muy mal. ¿Me reportaste, María?”

“No”, dijo María. “Te perdono Susana. Jesús también te va a perdonar. Si se lo pides”.

“¿Tendré que esperar y hacerlo en la iglesia, María?”, preguntó Susana.

María pensó por un momento. “No, no creo”, dijo. “Esteban aceptó a Jesús como su Salvador en casa de Don José. Y mi maestro de Escuela Dominical me dijo que podíamos hablar con Jesús en cualquier momento que quisiéramos”.

“Entonces quiero pedirle a Jesús que me perdone y que sea mi Salvador ahora mismo”, dijo Susana. “Lamento haberme enojado contigo y dañado tu cuaderno, María. Y quiero pertenecer a Jesús para poder ir al Cielo”.

Las dos niñas se arrodillaron en la fría habitación. Susana oró y le pidió al Señor Jesús que la perdonara y que entrara en su corazón. María y Susana se abrazaron y estaban contentas de ser amigas de nuevo. Luego María se despidió y corrió hasta su casa con el frío viento. Ella ni se fijó en el frío porque Jesús la había ayudado de nuevo a hacer lo correcto.

Esa noche María no podía dormir. Estaba dando vueltas y vueltas cuando sus padres entraron a su habitación. “Mami”, llamó María, “me duele la garganta”.

Su madre tocó la frente de María. Salió de la habitación y regresó en pocos minutos con un termómetro y tomó la temperatura de María. Su voz se notaba preocupada al decirle a su esposo, “Juan, debes llamar al doctor. María está muy enferma”.


¿Qué le pasará a María?

¡No te pierdas el último capítulo de esta emocionante historia en tu próxima lección!


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