Lección 4

Jesucristo...El Cordero de Dios


Querido Amigo:

Isaías profetizó del Señor Jesucristo,

. . . y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz (Isaías 9:6).

Estos son solamente unos de los maravillosos nombres dados al Señor Jesús. Si estudiáramos los muchos nombres que le son dados, aprenderíamos mucho acerca de Él, porque cada nombre nos dice como es Él. En esta lección, estudiaremos solamente uno de Sus nombres, pero nos dirá algo muy importante que necesitamos saber de Él.

JESUCRISTO—El Cordero de Dios

Uno de los nombres dados al Señor Jesús en la Biblia es el "Cordero de Dios." Para entender por qué se llama así, tenemos que mirar hacia el Antiguo Testamento.

Dios mandó a la gente traer un cordero al altar del tabernáculo como sacrificio por sus pecados

En los tiempos del Antiguo Testamento, antes de que viniera Jesucristo a la tierra, Dios mandó a la gente traer un cordero al altar del tabernáculo como sacrificio por sus pecados. La persona que llevaba el cordero ponía su mano sobre el cordero y decía algo así: "Yo he pecado y merezco morir, pero Dios ha permitido a este cordero que tome mi lugar." Luego el sacerdote mataba al cordero. Dios permitía a un cordero inocente morir en lugar de aquella persona. El cordero era el substituto de aquella persona.

Desde que pecaron Adán y Eva, Dios enseñó al hombre que alguien debía morir por el pecado del hombre. Los pecados no se pueden perdonar por hacer buenas obras, por dar dinero, por orar o rezar, o por derramar lágrimas. La Biblia dice,

. . . y sin derramamiento de sangre no se hace remisión [No hay perdón de los pecados]" (Hebreos 9:22).

Por cientos de años los que querían estar bien con Dios ofrecían corderos como Dios les había instruido. ¿Qué estaba enseñando Dios a Su pueblo? Les enseñaba que algún día, vendría Su Hijo. Sería tan manso y dócil como un cordero, y moriría como un substituto por los pecados del mundo.

Abraham vio al Señor Jesucristo como el Cordero de Dios

Cuando los hombres de Dios ofrecían un cordero por sus pecados, en realidad anticipaban por fe la venida del Salvador. Abraham anticipó el día cuando vendría Jesús. Comprendió que el Hijo de Dios vendría algún día y moriría como el Cordero de Dios por los pecados de todo el mundo. Jesús dijo,

Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó (Juan 8:56).

Abraham comprendió que el cordero que él ofrecía era sólo un símbolo del Señor Jesús, el Cordero de Dios, quien vendría un día para morir en la cruz.

Otros hombres de Dios en la época del Antiguo Testamento comprendieron esto también. ¿Fueron salvos estos hombres por la sangre de los animales que ofrecieron? No. Es imposible que la sangre de un animal quite el pecado. La Biblia nos dice que sólo hay una cosa que puede quitar el pecado– la sangre de Jesucristo.

Cuando los hombres de Dios ofrecían un cordero por sus pecados, en realidad anticipaban por fe la venida del Salvador

¿Cómo fueron salvas estas personas antes que viniera Cristo? Fueron salvas por fe en Su sangre igual como nosotros lo somos, pero hay una diferencia. Fueron salvas por la fe mirando hacia la futura muerte de Cristo en la cruz, y nosotros somos salvos por la fe mirando hacia el pasado cuando Cristo murió en la cruz.

Isaías vio al Señor Jesús como el Cordero de Dios

Isaías describió la muerte de Cristo como el substituto del pecador

Isaías describió la muerte de Cristo como el substituto del pecador. Cientos de años antes de que Cristo naciera, el Espíritu Santo reveló a Isaías que Cristo sería

. . . varón de dolores, experimentado en quebranto . . . (Isaías 53:3).

Isaías comprendió que Él sufriría y moriría, y el Espíritu Santo lo hizo entender la razón de los sufrimientos de Cristo. Fue por nuestros pecados. Isaías escribió:

  • Llevó el nuestras enfermedades . . .
  • sufrió nuestros dolores . . .
  • herido fue por nuestras rebeliones . . .
  • molido fue por nuestros pecados . . .
  • el castigo de nuestra paz fue sobre Él . . .
  • y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:4-5)

Dios permitió que mis pecados, tus pecados, y los pecados de todo el mundo fueran cargados sobre Su Hijo Quien nunca tuvo pecado. La Biblia dice:

. . . Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros (Isaías 53:6).

Juan presenta a Jesús como el Cordero de Dios

He aquí el Cordero de Dios

Dios mandó un mensajero para preparar el camino para Su Hijo. Este hombre se llamaba Juan el Bautista, y su trabajo fue preparar los corazones del pueblo para la venida de Jesucristo. Juan fue un gran hombre de Dios. Mucha gente lo seguía, pero él claramente les dijo, "Este es él que ha de venir tras mí . . . del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato." Un día Juan vio a Jesús que venía hacia él y exclamó:

He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

Un cordero es un animal muy manso y humilde. Jesús dijo de Sí Mismo, . . . soy manso y humilde de corazón (Mateo 11:29).

Aunque era el Hijo de Dios, era manso y humilde como un cordero. En Juan 13, leemos de la última cena que Jesús tuvo con Sus discípulos antes de Su muerte. Era costumbre que alguien lavara los pies de los invitados. En realidad este era el trabajo de un esclavo, pero no había esclavo para hacerlo. Probablemente cada uno de los discípulos se creía demasiado bueno para este trabajo tan humilde. Pero, Jesús, sabiendo que era el Hijo de Dios, quitó su túnica, tomó una toalla, puso agua en un recipiente y lavó los pies de los discípulos.

Jesuscristo murió como el Codero de Dios

Le forzaron a llevar Su cruz a un lugar llamado El Calvario

Cuando llegó el tiempo para que el Señor Jesús muriera por nuestros pecados, lo llevaron al gobernador Romano, Poncio Pilato. Jesús no era culpable ni de un solo crimen, sin embargo no se defendió. Le azotaron. Los soldados le arrancaron la barba a jalones, le escupieron en la cara, y se burlaron de Él. Se turnaron para golpearle con palos hasta que su rostro

. . . fue desfigurado . . . y su forma más que la de los hijos de los hombres
(Isaías 52:14).

Una corona de espinas fue colocada sobre su cabeza. Le forzaron a llevar Su cruz a un lugar llamado El Calvario. Allí lo crucificaron. No le quitaron Su vida, pero Él de su voluntad la puso por nosotros. Jesús dijo,

. . . yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar (Juan 10:17-18).

Cuando Jesús colgaba de la cruz, veía a aquellos que le habían golpeado, los que le habían escupido, los que se habían burlado de Él, y los que le clavaron a la cruz. Jesús no hizo nada para merecer este trato cruel. Pudiera haber pedido a su Padre que mandara ángeles para destruirlos. Pero Él no vino a destruir a los hombres sino a dar Su vida para salvarlos.

En su maravilloso amor y misericordia, Jesús alzó los ojos y oró,

Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).

Antes de morir, Jesús dio vida eterna a uno de los ladrones que fue crucificado juntamente con Él. Este hombre creyó que Jesús era el Hijo de Dios y le dijo,

Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino (Lucas 23:42).

Su fe sin duda trajo gozo al corazón del Salvador. Jesús le contestó,

hoy estarás conmigo en el paraíso
(Lucas 23:43).

Jesús fue crucificado como a las nueve de la mañana y murió como a las tres de la tarde. Antes de morir, Jesús dijo, "consumado es". ¿Qué quería decir con esto? Quería decir que la obra de salvación estaba consumada o completa. Como el Cordero de Dios, Jesús llevó los pecados en Su propio cuerpo en la cruz. La preciosa sangre del Hijo de Dios había sido derramada por los pecados del mundo. Porque Él era el Hijo de Dios y no tuvo pecado de sí mismo, pudo morir por los pecados de todo el mundo.

Lo que hace la sangre de Cristo, el Cordero de Dios,
por nosotros

¿Qué quiere decir la Biblia cuando habla de "la sangre de Cristo"? Quiere decir Su muerte en la cruz. La Biblia dice,

Porque la vida de la carne en la sangre está . . . (Levítico 17:11).

El Señor Jesús, el Cordero de Dios, dio Su vida cuando derramó Su sangre en la cruz.

Ahora, consideremos algunas de las cosas que la sangre de Jesús hace por nosotros.

1Su sangre nos redimeSu sangre nos redime. Redimir quiere decir comprar. Pertenecíamos al reino de Satanás antes de ser salvos, pero cuando fuimos salvos, el Señor Jesús nos compró con Su sangre y nos puso en Su reino.

Sabiendo que fuisteis rescatados [comprados] . . . no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo . . .
(1 Pedro 1:18-19).

2

Su sangre nos justifica. Nos hace estar bien con Dios. Justificado quiere decir "como-si-nunca-hubiéramos-pecado."

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira (Romanos 5:9).

3Su sangre nos acerca a Dios. El pecado nos separa de Dios, pero la sangre de Cristo nos acerca a Él.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo (Efesios 2:13).

4Su sangre hace paz con Dios. Por causa del pecado, éramos enemigos de Dios, pero ahora por la sangre de Cristo, tenemos paz con Dios.

. . . haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20).

5Su sangre nos limpia cuando pecamos. Aún después de ser salvos, todavía necesitamos la sangre de Cristo para limpiarnos cuando pecamos. Cuando venimos a Dios y confesamos nuestros pecados, la sangre de Cristo nos limpia de nuevo.

Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).

En el Cielo, y por toda la eternidad, alabaremos al Señor Jesucristo por Su gran amor hacia nosotros y por Su sacrificio por nosotros. Siempre recordaremos que, como Cordero de Dios, Él murió por nuestros pecados.

La Biblia dice que todas las huestes del Cielo se juntarán alrededor del trono de Jesús y le alabarán diciendo,

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza (Apocalipsis 5:12).

La Cruz Sangrienta

La cruz sangrienta al contemplar

La cruz sangrienta al contemplar,
Do el Rey de gloria padeció,
Riquezas quiero despreciar,
Y a la soberbia tengo horror.

Mi gloria y mi blasón serán,
La cruz de Cristo, mi Señor;
Y lo que di a la vanidad,
Ya le dedico con amor.

Sus manos, su costado y pies
De sangre manaderos son,
Y las espinas de su sien,
Mi aleve culpa las clavó.

Cual vestidura regia allí
La sangre cubre al Salvador;
Y pues murió Jesús por mí,
Por Él al mundo muero yo.

¿Y qué podré yo darte a ti
A cambio de tan grande don?
Es todo pobre, todo ruin,
¡Toma, oh Señor, mi corazón!

—Isaac Watts

El Cristo Incomparable

El Cristo Incomparable

Hace dos mil años hubo un Hombre nacido contrario a las leyes de la vida. Este Hombre vivía en pobreza y fue criado en humildad. No era un viajero. Sólo una vez cruzó la frontera del país en el cual vivía y esto fue durante su exilio en la niñez.

No poseía ni riquezas ni influencia. Sus familiares no eran de renombre ni tuvieron instrucción o enseñanzas formales.

En su infancia asustó a un rey; en su niñez asombró a los doctores; de hombre gobernó el curso de la naturaleza, andaba sobre las olas como si fueran pavimento y calmó al mar.

Sanó a las multitudes sin medicinas y no cobraba por sus servicios.

Nunca escribió un libro; sin embargo, todas las bibliotecas del país no podrían contener los libros que se han escrito acerca de Él.

Nunca escribió una sola melodía, sin embargo ha provisto el tema de más melodías que todos los compositores juntos en el mundo.

Nunca fundó un colegio o universidad, pero todos los centros de enseñanza juntos no han tenido tantos discípulos como Él.

Nunca estuvo al frente de un ejército, ni adiestró soldados, ni disparó armas; sin embargo ningún líder ha tenido tantos voluntarios quienes, bajo sus órdenes, han hecho a tantos rebeldes entregar las armas y rendirse sin un solo disparo.

Nunca practicó psicología, sin embargo ha sanado más corazones quebrantados que todos los doctores de todos los tiempos.

Una vez cada semana las ruedas del comercio se paran y multitudes van a las iglesias a adorarle y para rendirle homenaje y respeto a Él.

Los nombres de los grandes próceres antiguos de Grecia y Roma han venido y se han ido. Los nombres de los científicos, filósofos y teólogos del pasado han venido y se han ido; pero el nombre de este Hombre, crece más y más. Aunque el tiempo ha esparcido dos mil años entre el pueblo de esta generación y la escena de Su crucifixión, todavía Él vive. Herodes no lo pudo destruir, la tumba no lo pudo detener.

Él se para en las cúpulas más elevadas de la gloria celestial, proclamado por Dios, reconocido por ángeles, adorado por santos y temido por los demonios, como el Cristo viviente, nuestro Señor y Salvador personal.

O vamos a estar con Él para siempre o vamos a estar para siempre sin Él.

—American Tract Society