Lección 3

Jesucristo...El Gran Maestro


Querido Amigo:

En nuestras dos primeras lecciones aprendimos algo de lo que es el Señor Jesucristo. Ahora sabemos que Él es el Hijo de Dios, y que vino al mundo para mostrarnos como es Dios. Fue Él Quien nos contó que Dios nos ama y que tiene interés en nuestras vidas. Jesús también nos contó acerca del regalo de vida eterna que se da a todos los que le aceptan.

Nunca ha habido un maestro como el Señor Jesús. Como Él es Dios, sabe todas las cosas. La Biblia dice que todos los tesoros de sabiduría y conocimiento están ocultos en Él. En esta lección queremos estudiar algunas de sus enseñanzas. Podremos estudiar solamente unas cuantas de las maravillas que Él enseñaba.

1la vida se divide en dos caminos

Los Dos Caminos

Jesús nos enseñó que el sendero de la vida se divide en dos caminos—uno es el camino ancho que lleva a la destrucción y el otro es el angosto que lleva a la vida eterna. Él insta a los hombres a entrar por la puerta angosta que lleva a la vida. Él dijo:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que l leva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mateo 7:13-14).

De este versículo podemos ver que la mayoría de la gente está tomando el camino ancho que lleva a la perdición, y solamente unos pocos toman el camino angosto que lleva a la vida.

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El Nuevo Nacimiento

El Señor Jesús enseñó que es completamente necesario para nosotros nacer de nuevo en la familia de Dios si queremos viajar por el camino angosto que lleva a la vida eterna y al Cielo. Cuando nacemos en lo físico, nacemos de padres terrenales. Para hacernos miembros de la familia de Dios, tenemos que nacer de nuevo—del Espíritu de Dios. Jesús dijo,

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (Juan 3:3).

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La Obra de Dios

Unos hombres vinieron a Cristo el Salvador un día con una pregunta muy importante. Dijeron: "¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?" Jesús les respondió: "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él [Dios] ha enviado" (Juan 6:28-29).

No podemos hacer nada para agradar a Dios hasta que primero creamos en Su Hijo, Jesucristo.

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Confesando al AL Señor Jesús

Confesar al Señor Jesús quiere decir contar a otras personas que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador

La Biblia dice, "Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo" (Salmo 107:2). El Señor Jesús requiere de los que Él ha redimido (salvado) que lo confiesen delante de los hombres. Él dijo,

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mateo 10:32).

Confesar al Señor Jesús quiere decir contar a otras personas que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Salvador. Si nosotros nos avergonzamos de Él, Él se avergonzará de nosotros cuando venga otra vez. Esto no quiere decir que nos perderemos, sino que el Señor Jesús se avergonzará de nosotros porque no estábamos dispuestos a confesarlo delante de los hombres. Él dijo,

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria . . . (Lucas 9:26).

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Jesús enseñó que podemos orar al Padre en el nombre de JesúsOración

Jesús enseñó que podemos orar al Padre en el nombre de Jesús y que el Padre oirá nuestras peticiones y las contestará. Él dijo,

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará (Juan 16:23).

Hay varias cosas que no permiten que Dios oiga y conteste nuestras oraciones. Algunas de estas son: 1) el pecado (sin confesarlo) en nuestras vidas, 2) la falta de perdón en nuestros corazones, 3) la falta de fe en nuestros corazones, o 4) pedir algo que no sea la voluntad de Dios para nosotros.

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El Gran Mandamiento

Dios había dado los Diez Mandamientos al pueblo de Israel

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios había dado los Diez Mandamientos al pueblo de Israel. Los líderes religiosos probaron a Jesús preguntándole cuál mandamiento era el más importante. Él respondió,

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento (Mateo 22:37-38).

Dios quiere que le amemos con todo nuestro corazón. Él nos ama muchísimo y desea, más que todo, que le amemos. Después el Señor Jesús prosiguió y dio el segundo mandamiento más importante:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39).

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Llevándose bien con el Prójimo

El Señor Jesús mandó a Sus discípulos amarse los unos a los otros. Les dijo que la única señal por la cual todos los hombres conocerían a sus discípulos era su amor los unos por los otros.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (Juan 13:35).

Es natural que nosotros amemos a los que nos aman y seamos bondadosos con los que nos tratan con bondad, pero Jesucristo espera de los cristianos mucho más que esto. Jesús dijo,

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:44).

8 Nuestro Salvador era muy humilde. En una ocasión, Él aún lavó los pies de Sus discípulos.

El Orgullo

Jesús habló muchas veces acerca del pecado del orgullo. La Biblia dice que el orgullo es una de las cosas más ofensivas a Dios. Jesús dijo,

el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mateo 23:12).

Nuestro Salvador era muy humilde. En una ocasión, Él aún lavó los pies de Sus discípulos. Aunque era el Hijo de Dios, estaba dispuesto a humillarse. Espera que nosotros también estemos dispuestos a humillarnos y dijo,

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis (Juan 13:15-16).

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El Dinero

El dinero para nosotros es muy atractivo. Nos gusta poder comprar las cosas que deseamos, pero Jesús nos advirtió que el dinero podría alejar nuestros corazones de Dios. Dijo,

No os hagáis tesoros en la tierra

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Mateo 6:19-21).

Supongamos que tú te volvieras la persona más rica en este mundo pero perdieras tu propia alma. ¿De qué te serviría? De nada. Jesús dijo,

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Marcos 8:36).

El Señor Jesús advirtió que es muy fácil que el dinero llegue a ser nuestro amo. Él dijo,

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y las riquezas (Mateo 6:24).

10

En la casa de mi Padre muchas moradas hayEl Cielo

Jesús enseñó que el Cielo es un lugar verdadero. Lo llamó la casa de Su Padre. Dijo,

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14:2-3).

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Jesús Vendrá otra Vez

El Señor Jesús enseñó que Él vendría otra vez a la tierra con gran poder y gloria. Pero nadie sabe exactamente cuándo vendrá. Jesús dijo,

Ya que no sabemos cuándo vendrá nuestro Señor, debemos estar preparados para Su venida en todo tiempo

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre (Mateo 24:36).

Ya que no sabemos cuándo vendrá nuestro Señor, debemos estar preparados para Su venida en todo tiempo. Nunca debemos de estar en un lugar donde no quisiéramos estar cuando venga Jesús, y nunca debemos hacer algo que no quisiéramos estar haciendo cuando venga Él. Jesús dijo,

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis (Mateo 24:44).

 

12

Los Dos Fundamentos

aquella casa quedó firme y no se cayó porque fue edificada sobre la roca

Jesús enseñó que si oímos Sus enseñanzas y las hacemos, somos como el hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Cuando descendió la lluvia y vinieron ríos y soplaron vientos, aquella casa quedó firme y no se cayó porque fue edificada sobre la roca.

si oímos Sus enseñanzas y no las hacemos, somos como el hombre insensato que edificó su casa sobre la arena

Pero Jesús dijo que si oímos Sus enseñanzas y no las hacemos, somos como el hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Cuando descendió la lluvia, y vinieron ríos y soplaron vientos, la casa se cayó y fue grande su ruina. Necesitamos no solamente saber lo que enseñó Jesús, sino también debemos escuchar Sus palabras y obedecerlas. Jesús dijo,

Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan (Lucas 11:28).

La manera de demostrar al Señor Jesús que en realidad le amamos es guardando Sus mandamientos. Jesús dijo,

Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15).

Hay una gran recompensa en amar a Jesús y guardar Sus mandamientos. El Señor Jesús dice que seremos amados por el Padre y que Él Mismo nos amará y se manifestará a nosotros. Jesús dijo,

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él
(Juan 14:21).

Versículos para memorizar de la lección 3:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mateo 7:13-14).

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios (Juan 3:3).

Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado (Juan 6:29).

A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mateo 10:32).

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria . . . (Lucas 9:26).

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento (Mateo 22:37-38).