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Hora del Cuento, Lección 5
Laura y Daniel estaban de camino al parque con su prima Yeny. Yeny tenía 12 años. Con frecuencia ella cuidaba a sus primos cuando la mamá estaba ocupada. "¡Oh, miren todas esas flores hermosas!" gritó Laura mientras entraban al parque. "Sí, las flores están preciosas", dijo Yeny. "Pero recuerden el aviso que dice que no debemos cortar las flores".
Yeny se sentó a observar los niños por un rato. Luego abrió su libro y empezó a leer. Daniel y Laura jugaron en los columpios. Luego jugaron en la arena. Pronto Daniel se cansó de jugar en la arena, y se paró. "¿Adónde vas?", preguntó Laura. "Allá a jugar en ese charco", respondió Daniel. Laura abrió sus ojos con sorpresa y dijo: "No puedes hacerlo, Yeny nos dijo que no lo hiciéramos".
Laura pensó por un momento: "Yo tampoco tengo que obedecer a Yeny", y se fue corriendo alegremente hacia las flores. Allí cortó dos flores violeta, luego una blanca. En ese mismo instante Yeny levantó su mirada del libro que estaba leyendo y empezó a llamar: "¡Daniel! ¡Laura!" "Oh, Laura", dijo Yeny al mirar las flores. "Te dije que no debías cortarlas". Laura escondió las flores detrás de su espalda, y dijo: "No me importa. Se las voy a dar a mi mami". Yeny se dio cuenta que los zapatos de Daniel estaban lodosos y le dijo regañándolo: "Y yo te advertí, que no te acercaras a los charcos". Daniel hizo mala cara, y dijo: "No me importa. Yo quería jugar en el charco. Y encontré una piedra muy bonita para mi mami", continuó diciendo mientras limpiaba la piedra con su camisa. Yeny llevó a Daniel y a Laura a casa. Al llegar dijo: "Tía, ellos no me obedecieron hoy".
La mamá no sonrió. Tenía la mirada triste. Se despidió de Yeny y mandó a Daniel y a Laura al baño a que se bañaran. Luego los llamó. "Quiero contarles una historia", les dijo. "Es sobre el rey Saúl en la Biblia. Un día Dios le dijo al rey Saúl que fuera a destruir a algunos de los enemigos de Dios. Y que también tenía que destruir todo lo que les pertenecía y que no llevara a casa nada de las cosas de ellos. "Pero el rey Saúl decidió traer a casa algunos de los mejores animales de ellos. Él dijo en su corazón: 'Los ofreceré como un regalo a Dios y todo va a estar bien'. "Pero Dios rechazó el regalo del rey Saúl. Dios le dijo: 'Obedecer es mejor que sacrificar'. Dios quiso decir que es más importante obedecerle que traerle regalos. Dios le enseñó al rey Saúl que el mejor regalo para Él es la obediencia".
Su mamá asintió. "Tú encontraste la piedra mientras estabas desobedeciendo, Daniel. Eso me entristeció en vez de alegrarme". Lágrimas brotaron de los ojos de Laura. "Lo siento mami, yo corté las flores. Yeny me dijo que no lo hiciera". "Pero, mami", dijo Daniel. "Yeny no es nuestra mamá. Yo pensé que sólo debemos obedecerte a ti y a papá".
"¿También papá y tú tienen que obedecer a otras personas?" "Sí", respondió mamá. "Durante toda nuestra vida tenemos personas a las que debemos obedecer. Por eso es que es importante aprender a obedecer cuando somos jóvenes. El Señor Jesús se alegra cuando los niños obedecen a sus padres, porque Él sabe que eso les ayudará a obedecer a otras personas también. Por eso Él nos dice en la Biblia: 'Hijos obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor'". Daniel dijo: "Mami, ¿le podemos pedir al Señor Jesús que nos perdone por lo que hicimos?" Mamá respondió: "Sí, ustedes lo pueden hacer ahora mismo".
Mamá les enseñó el versículo que debían memorizar. Ella les ayudó a escribirlo en un papel. Daniel y Laura dibujaron flores y piedras alrededor del versículo. Ellos dijeron que eso les ayudaría a recordar que cuando ellos obedecen a sus padres y a otras personas, también le están obedeciendo al Señor Jesús. Aquí está el versículo para que lo escribas
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